Chau Altair!
28 de Abril de 2009Maritza Sánchez Hernández
[ mariandreasanchez@gmail.com ]
Ha sido mi casa por años. Mi crecimiento profesional y personal en una grandísima medida se llama Altair. Un día hace mucho rato, en mi época de estudiante, entré a llamar, a revisar el correo electrónico, a molestar la vida en la oficina 12-121 de la Facultad de Comunicaciones. Y así: entre especiales de trasplantes, boletines informativos de la agencia y Pulsar y como por arte de magia, sin saber en lo que me metía… ni a qué… ni por qué… así me cautivó, así me quedé: hasta hoy, corazón, por siempre, con el alma.
En Altair, más que en la misma práctica, más que durante toda la carrera, más que en cualquier otro lugar del mundo, he aprendido: a escuchar, leer, reflexionar, organizar, evaluar, enseñar, producir, aguantar, proponer, inventar, solucionar, recrear… crear!. A creer. A creer: en la gente, en la comunicación, en la radio, en Internet, en los contenidos, en el diseño, en la novedad, en la docencia, en la academia, en la Universidad. En Altair he logrado caer, recaer, estrellarme… para luego, siempre, hasta hoy, levantarme con más ganas y con el espíritu renovado.
Cliché y todo pero Altair, bien lo saben en mi casa [la natural], ha sido mi casa [la de corazón]. Horas y horas de estos muchos meses, sobre todo los de estos dos años y tres meses al frente de la dirección, mis pensamientos, ideas, procesos de construcción y de aprendizaje, todo ha estado concentrado en Altair, sin descansos en domingos, navidades o festivos. Mi cabeza, mi corazón, mis esfuerzos, todo, todito, concentrado en Altair: mi casa de corazón.
Seguro no he sido la directora más querida, ni la docente estrella, ni la funcionaria pública más ejemplar. De ello no tengo duda. Como si es fijo que he sido la más coloquial, la más impulsiva, la más eufórica y enloquecida. Seguro han sido más mi omisiones, negligencias, equivocaciones y pasos en falso. Seguro. Pero cada día, cada hora, cada segundo, mi dedicación, mi afán de evolución para el Laboratorio, sus integrantes del equipo, los estudiantes y ciberoyentes estuvo latente, honesto, fuerte.
Quiero a Altair, con todo lo que ello significa: su espacio físico, sus procesos, sus contenidos, las personas con las que por fortuna he podido trabajar y compartir. Con las trasnochadas y celebraciones. Con sus errores, precariedades; con los computadores viejos y con los nuevos, con los micrófonos prehistóricos y con los que estrenamos, con las caídas del servidor, con el cuadro de los indígenas que está en la entrada, con la chapa que cada día se destartala más y más, con el “mayami” que siempre está sediento pero dándole el toque verdecito natural al espacio físico. Quiero a Altair por todo lo que al lado de seres humanos insólitos he podido mejorar como mujer profesional: Fernando Zapata, Wihtman Quintero, Andrés Duarte, Lucía Restrepo Cuartas, Juan Pablo Tettay de Fex, Mauricio Morales, Alejandro Cárdenas, Juan Carlos Monroy… Jenny Giraldo, Camilo Baquero, Luza Ruiz, Nati Gil, Paula Cardona, Perla Toro, Angie Palacio, Andrés García, Juan Pablo Arroyave, Daniel Urrea, Pedro Correa, Laura Cárdenas, Fernando Castro, Paula Camila Osorio, Daniel Pineda, Jorge Montoya, Jenny David, Alan Correa, Jorge Posada… Andrés Montaño, Lina Velilla, Maria Isabel Naranjo, Isabel González, Evelio Ramírez, Andrés Felipe Pérez. Nada raro que se me escape algún nombre… eso, ya se sabe, me pasa naturalmente y no por mala intención. Es mucha la gente que gracias a Altair tengo en el corazón y a la cual le debo mi más sincera admiración y gratitud [Así se lea cliché].
Me voy claro, con una tristeza profunda. Pero con la convicción de haber hecho las cosas al derecho, con todo mi espíritu, con toda la fuerza, las ganas, la emoción, la honestidad, la alegría. Me voy tranquila, contenta por todo lo anterior. Me voy con mil ideas en la cabeza producto de muchas horas de trabajo o descanso en las que se me ocurría: “Eh, qué nota hacer esto”, “Qué parche hacer con Altair tal y tal cosa…” Y así… pensamientos cientos dedicados a mi casa de corazón.
Es extraño porque ahora mismo, tras la publicación y envío de esta nota, empiezo a organizar lo que queda para dejar el camino despejado a la nueva dirección de Altair y, a la vez, a organizar-reorganizar mi vida: a buscar trabajo. Nunca me ha tocado hacerlo y no se cómo arrancar… así que si alguien tiene experiencia o ideas sobre cuál es la forma más bonita, transparente y respetuosa para “pedir” trabajo, agradezco enormemente que me la cuente.
Ya me voy de Altair. Pero sigo, claro, desde donde esté, aportando y apoyando todo cuanto me sea posible porque los amores de la vida nunca se olvidan: se les desea la mejor de las suertes, se les llama o se les escribe de vez en cuando, se les visita si la cosa no termina muy mal… y bueno, por fortuna mi relación amorosa con Altair no podría de ningún modo terminar mal. Entonces aquí estoy: despidiéndome de un cargo formal con la absoluta certeza de convertirme, si me lo permiten en un futuro, ser una madrina amorosa, propositiva y entregadita.
Gracias, millón de gracias para Altair y para todas las personas que desde sus buenas energías y aportes me ha permitido estar aquí por tantos años: como amiga, estudiante, colaboradora, docente y directora. Chau Altair!.
“ALTAIR libre” era la consigna que para la nueva etapa proponíamos. Parece que se cumplió [cuidado con lo que desean]: Liberadito de mis locuras, regaños, inventos, carreras, despelotes y disparates. Ya viene una nueva emisión: Con sangre nueva, con ganas e ideas de otros colores y sabores. Sigan muy pero muy conectados porque pronto recibirán noticias recargadas y alentadoras sobre este Laboratorio de Experimentación Digital que a tantos nos ha entregado… tanto, tanto.






